• padreisidro 23w

    Un beso

    Me levanto e inexplicablemente me percato que te soñé. Lo que sentí en el sueño, abruptamente, pasa a ocupar lo que senti al despertar: desperté sintiéndome exactamente como si estuviera viviendolo. El recuerdo de un beso cargado de amor, en el sentido completo de la palabra, me desequilibra un poco al iniciar el día, pues no fue un beso real, pero las emociones que genero tal mezcolanza de realidades si lo son.

    Inicio el dia con las tareas rutinarias con parte de mi atención puesta en las emociones que me sigue generando un sueño: un beso de amor bajo un puente vehicular en Bogotá. No es cualquier beso, y lo compruebo fácilmente gracias a la magnitud de las emociones, que 12 horas después siguen afectándome: son muy intensas, son muy reales.

    Es un beso cargado de ternura, de pasión, de protección y de alegría. Un beso que me hace sentir una completa armonía física entre ambas bocas. Un beso que no admite compartir su atención con otros pensamientos, un beso egoísta, que quiere todo para el en tan solo un instante. Es un beso que trasciende el compromiso y la rutina. Es un beso de tristeza, pues sabe que no es eterno, aunque quisiera. Un beso de impotencia, porque quisiera ser siempre un beso, aunque no pueda e irremediablemente tenga que dejar de serlo. No es un beso ocasional, es un beso construido. No es un beso casual ni de un impulso. Es el fruto de una dura siembra y cosecha. Es un beso que respira historia. Es un beso con ancestros, con antepasados. No es un beso creativo, pues no es un fogonazo repentino. Es un beso trascendente. Es un beso meditado. Seguramente sus ancestros fueron más creativos, pero él no lo es. Su virtud reside en otro plano. Y este beso, y los sentimientos que subyacen a su irrupción en escena, me dan pistas sobre el tipo de beso que es.

    Y cual epifanía, horas después me doy cuenta que este sueño no es tan arbitrario. Habla de algo que poco a poco voy entendiendo. Ella existe, y lo que siento por ella, sin saberlo hasta ahora, es real. Pero nunca los cabos se habían atado hasta aquel onírico beso, experiencia real e irreal al mismo tiempo. Alguna emoción un día, otra otro día, y así. Pero este beso me convence que me gusta. Sin saberlo hasta ese entonces, pero me gusta.
    Y con esta epifanía, la realidad empieza a adquirir otro color. Me encanta verla sonreír y para mi fortuna casi siempre estamos riendo. Me encantaría poder consentirla todo el día y escucharla. Me doy cuenta de lo que qué le molesta e incomoda y me gustaría poder oírla y entenderla. Me gustaría verla feliz todo el tiempo, y cuando no, me gustaría estar con ella hasta que se le pase, o al menos eso quiero. Me inspira mucha ternura e inocencia, y de ello se desprende un instinto protector, por llamarlo de alguna manera. Me produce mucha admiración y eso me impulsa a crecer.

    Y realmente siento que parte de las cosas que siento por ella, ella las siente por mí. Siento que ella me busca de alguna manera, al ser su cómplice de rutina. ¿O algo más?

    Irremediablemente tengo que ganarme su corazón, o vivir en el intento.

    ©padreisidro